jueves, diciembre 11, 2008
lunes, noviembre 03, 2008
American Beauty
American woman, stay away from me
American woman, mama let me be
Don't come a hangin' around my door
I don't wanna see your face no more
I got more important things to do
Than spend my time growin' old with you
Now woman, I said, stay away
American woman
Listen what I say
American woman, get away from me
American woman, mama let me be
Don't come a knockin' around my door
Don't wanna see your shadow no more
Coloured lights can hypnotize
Sparkle someone else's eyes
Now woman, I said get away
American woman
Listen what I say
[Guess Who]
American woman, mama let me be
Don't come a hangin' around my door
I don't wanna see your face no more
I got more important things to do
Than spend my time growin' old with you
Now woman, I said, stay away
American woman
Listen what I say
American woman, get away from me
American woman, mama let me be
Don't come a knockin' around my door
Don't wanna see your shadow no more
Coloured lights can hypnotize
Sparkle someone else's eyes
Now woman, I said get away
American woman
Listen what I say
[Guess Who]
[It was one of those days when it's a minute away from snowing and there's this electricity in the air, you can almost hear it. And this bag was, like, dancing with me. Like a little kid begging me to play with it. For fifteen minutes. And that's the day I knew there was this entire life behind things, and... this incredibly benevolent force, that wanted me to know there was no reason to be afraid, ever. Video's a poor excuse, I know. But it helps me remember... and I need to remember... Sometimes there's so much beauty in the world I feel like I can't take it, like my heart's going to cave in. ]
Era uno de esos días en los que sientes que está a punto de nevar... y hay una cierta electricidad en el aire. Casi la puedes oír. ¿Entiendes? Y esa bolsa esta simplemente... bailando... conmigo... como un niño rogándote que juegues con él. Durante quince minutos. Ese fue el día en que me dí cuenta de que... había una vida entera detrás de las cosas... y una fuerza increíblemente benévola... que quería decirme que no hay razón para tener miedo... nunca. Ya sé que el video no captó todo eso. Pero me ayuda a recordar. Necesito recordar. A veces hay tanta... belleza... en el mundo. Siento que no la aguanto. Y mi corazón... simplemente se va a rendir.
[I had always heard your entire life flashes in front of your eyes the second before you die. First of all, that one second isn't a second at all, it stretches on forever, like an ocean of time... For me, it was lying on my back at Boy Scout camp, watching falling stars... And yellow leaves, from the maple trees, that lined my street... Or my grandmother's hands, and the way her skin seemed like paper... And the first time I saw my cousin Tony's brand new Firebird... And Janie... And Janie... And... Carolyn. I guess I could be pretty pissed off about what happened to me... but it's hard to stay mad, when there's so much beauty in the world. Sometimes I feel like I'm seeing it all at once, and it's too much, my heart fills up like a balloon that's about to burst... And then I remember to relax, and stop trying to hold on to it, and then it flows through me like rain and I can't feel anything but gratitude for every single moment of my stupid little life... You have no idea what I'm talking about, I'm sure. But don't worry... you will someday. ]
"Siempre oí que tu vida entera pasa en frente de tus ojos un segundo antes de morir. Primero que nada, ese segundo no es para nada un segundo, se estira para siempre, como un océano de tiempo... Para mí, fueron mentiras a mis espaldas en el campamento de Boys Socuts, viendo las estrellas fugases caer... Y las hojas amarillas de los árboles de arce alineadas en nuestra calle... O las manos de mi abuela, y la forma en que su piel se me parecía al papel... Y la primera vez que vi el nuevo Firebird de mi primo Tony... Y Janie… y Janie.... Y Carolyn. Supongo que podría estar bastante enfadado por lo que me paso, pero es difícil estar enfadado, cuando hay tanta belleza en el mundo. A veces siento como si la viera toda a la vez y es demasiado. Mi corazón se llena como un globo que está a punto de estallar... Y entonces recuerdo que tengo que relajarme y no intentar aferrarme a ella, y entonces fluye a través de mí como la lluvia y no puedo dejar de sentir gratitud por cada simple momento de mi estúpida y pequeña vida... No tienes idea de lo que estoy hablando. Pero no te preocupes... algún día la tendrás."
"Siempre oí que tu vida entera pasa en frente de tus ojos un segundo antes de morir. Primero que nada, ese segundo no es para nada un segundo, se estira para siempre, como un océano de tiempo... Para mí, fueron mentiras a mis espaldas en el campamento de Boys Socuts, viendo las estrellas fugases caer... Y las hojas amarillas de los árboles de arce alineadas en nuestra calle... O las manos de mi abuela, y la forma en que su piel se me parecía al papel... Y la primera vez que vi el nuevo Firebird de mi primo Tony... Y Janie… y Janie.... Y Carolyn. Supongo que podría estar bastante enfadado por lo que me paso, pero es difícil estar enfadado, cuando hay tanta belleza en el mundo. A veces siento como si la viera toda a la vez y es demasiado. Mi corazón se llena como un globo que está a punto de estallar... Y entonces recuerdo que tengo que relajarme y no intentar aferrarme a ella, y entonces fluye a través de mí como la lluvia y no puedo dejar de sentir gratitud por cada simple momento de mi estúpida y pequeña vida... No tienes idea de lo que estoy hablando. Pero no te preocupes... algún día la tendrás."
Etiquetas: Movies
martes, octubre 21, 2008
Una cerveza con Alejandra
Arturo Pérez Reverte.Patente de Corso
Milenio Diario, Domingo, 19 Octubre, 2008.
Es ella quien me reconoce cuando paso cerca de la esquina donde, en apariencia, se gana la vida. Pronuncia mi nombre, me vuelvo de soslayo para decir buenas tardes y seguir mi camino, y la identifico en el acto. “Alejandra”, digo, parándome sorprendido. Parece feliz de que recuerde su nombre y me estampa dos besos en la cara. Eso me pone perdido de maquillaje, pero no me importa. Celebro sinceramente verla después de tanto tiempo. Era una buena persona, recuerdo. Con un punto decidido y tierno. Una chica alta y guapa, muy desenvuelta. Sólo cuando la mirabas detenidamente —las manos, la nuez del cuello— advertías que no era chica del todo. O que aún no lo era, aunque estaba en camino de ello.
Le digo que está guapísima y me llama embustero. Es cierto que el tiempo no la favoreció. La edad marca ahora sus rasgos masculinos, las manos grandes. En cierta ocasión conversamos durante toda una noche ante la cámara que nos seguía por Madrid, hablando de la vida, del amor, de la soledad. El reportaje se llamaba Canción triste de la calle Luna. Alejandra era entonces un travelo morenazo, de bandera. Esa noche nos hicimos amigos. Luego, a veces, iba al programa La ley de la calle, que hacíamos en Radio Nacional, a acompañarnos a Manolo el policía, a Ruth la lumi, a Juan el rey del tandem, y a Ángel Ejarque, ex boxeador y trilero profesional: mi colega, que lo sigue siendo. Mi plas. Y de ese modo, entre garimbas, humo de cigarrillos y largas madrugadas, supe cosas de Alejandra que ahora me vienen a la memoria. Cosas que me contó —yo utilizaba bien el verbo escuchar como herramienta profesional— como se las habría contado a un amigo íntimo, o a un cura.
Me dice que no puedo irme así, que me invita a tomar algo. De modo que entramos en un bar de ésos que antes me gustaban y que todavía me siguen gustando: tabernero legañoso, fotos de Di Stéfano, Puskas y Gento en la pared, y borracho habitual acodado en la barra. Allí, ante un vino y una cerveza, ponemos al día todos estos años. O más bien los pone ella, pues compruebo que no sabe nada de mí. Alejandra ni pisa una librería, ni lee un periódico, ni ve otra cosa en la tele que algún trozo de telediario y los programas del corazón. De pronto se me queda mirando.
—Me operé al fin —dice—. ¿Te acuerdas?
Respondo que sí. Que me acuerdo. Era el sueño de su vida. Cuanto ganaba pateando aceras lo guardaba para eso. Y luego, decía, un hombre bueno que me quiera. Ahora me cuenta que la operación no salió del todo bien, que tuvo problemas. Le digo que lo lamento mucho, pero que espero consiguiera al menos lo que tanto deseaba: aquello de lo que hablaba noche tras noche. Se queda un rato seria, pensativa, y al cabo sonríe y saca del bolso un carnet de identidad. Claro que lo conseguí, dice. Aquí me tienes: Alejandra tal y tal. Mujer de arriba abajo.
—Pagaste el precio —apunto con afecto.
Se me queda mirando sin decir nada. Después sonríe de nuevo, triste. La suya es una sonrisa lejana y cansada. No la que yo recuerdo.
—Vaya si lo pagué —responde al fin–. Y todavía lo pago.
Luego bebe un sorbo de vino, se echa el pelo atrás y pregunta por los otros: mi gente de entonces. Le cuento algo, por encima. A Ruth se la tragó la noche, Juan murió, Manolo es una estrella de la tele, Ángel trabaja en una empresa de seguridad, honrado a carta cabal... La vida, Alejandra. Los días y los años pasan para todos.
—En la tele se olvidaron de ti, ¿verdad?... Ya no te veo nunca en guerras ni sitios así.
Lo ha dicho con sincera conmiseración. Apenada por mi suerte. Para no defraudarla me encojo de hombros, con la modestia adecuada.
—Ahora escribo libros.
Igual habría podido decirle que fabrico jaulas de alambre para grillos. Me observa, compasiva.
—Ah… ¿Y qué tal te va con eso?
—Pues no mal del todo... Me gano la vida.
—Oye, que bien. No sabes lo que me alegro.
Salimos a la calle y caminamos despacio hasta su esquina, donde nos despedimos con otros dos besos mientras una pareja de intrigados policías municipales nos observa de lejos. Antes de marcharme dudo un momento: quizá debería sacar del bolsillo la cartera, pero temo ofender a Alejandra. De pronto la veo mirarme a los ojos, casi adivinando mi intención.
—Conseguí operarme —dice, brusca.
Y sonríe digna y segura, como hace dieciocho o veinte años. Como una señora.
_____________
De Milenio Diario
viernes, octubre 17, 2008
La belleza puede tener distintos rostros, distintas miradas. Algunas veces será de formas sutiles para la percepción incauta. Llegará a nosotros de muchas maneras, en una fotografía, un nombre o lejana esperanza.
domingo, octubre 05, 2008
Senderos

Me parece haberte visto en el jardín de una casa. Tenías algunas flores entre tus manos...
A veces pienso que nuestra interioridad, eso que eventualmente llamamos "uno mismo", es como un jardín más o menos grande que podemos transitar con cierta familiaridad. Hasta podría afirmar que ese jardín se encuentra tan suficientemente recorrido por nosotros que deja de sorprendernos en ocasiones; ya nos sabemos sus caminos y posiblemente se hallen trazados algunos senderos.
No obstante, si observamos bien, siempre habrá un ángulo nuevo que nos permita ver con distintos ojos este entrañable e inhóspito laberinto familiar que somos nosotros mismos.
Me pareció verte en un jardín. Llevabas algunas flores entre tus manos.
A veces pienso que nuestra interioridad, eso que eventualmente llamamos "uno mismo", es como un jardín más o menos grande que podemos transitar con cierta familiaridad. Hasta podría afirmar que ese jardín se encuentra tan suficientemente recorrido por nosotros que deja de sorprendernos en ocasiones; ya nos sabemos sus caminos y posiblemente se hallen trazados algunos senderos.
No obstante, si observamos bien, siempre habrá un ángulo nuevo que nos permita ver con distintos ojos este entrañable e inhóspito laberinto familiar que somos nosotros mismos.
Me pareció verte en un jardín. Llevabas algunas flores entre tus manos.





